¿En qué momento pasamos de ser nosotros para Dios, a ser Dios para nosotros? Parece un simple juego de palabras, pero en realidad esconde una diferencia insalvable: el primer postulado nos pone a disposición de lo que Dios en su soberanía y voluntad disponga, mientras que el segundo tironea de Dios para que cumpla nuestros deseos y caprichos. En el primero, Dios es el centro de importancia, en el segundo somos nosotros.
Así, pasamos de buscar cumplir los deseos que Dios tiene para nosotros, a tratar de que Dios cumpla nuestros deseos. Uno requiere abnegación, renuncia, entrega y disciplina espiritual, en cambio el otro enseña a pedir, pactar, reclamar, declarar y esperar que mis demandas sean satisfechas de manera irrevocable.

¿Habría muerto por predicar el evangelio el apóstol Pablo si hubiera querido cumplir sus deseos y no los de Dios? ¿Y Pedro? ¿El mismo Jesús qué hubiera hecho si seguía sus deseos y no la voluntad del Padre?
La vida de los apóstoles y toda su enseñanza bíblica nos demuestra que Dios no es para nosotros, sino que nosotros debemos ser para Dios.

Daniel Castoldi, Intentando ser discípulo de Cristo. Misionero, pastor, Bachiller en Ministerio, es Argentino. Exégeta en la traducción de la Biblia en LETRA.
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