SERÁS DISCÍPULO O NO SERÁS NADA

EDITORIAL

POR DANIEL CASTOLDI*

En las Iglesias suele pasar que se aspira más a ser líder, que, a ser discípulo, cuando una cosa debería venir aparejada con la otra. Cuando no es así, se distorsiona aquello a lo que hemos sido llamados a formar.

Me da la impresión, tal vez equivocada, que en las iglesias hacemos demasiado hincapié en formar líderes, y no formamos discípulos. Si bien se supone que el líder ya es un discípulo, no siempre es así. Hay personas que aspiran al “puesto” o “cargo” y suelen olvidarse que mientras más responsabilidad adquieren más al servicio están. Son más siervos, más obreros, más trabajadores. Y para eso, deben ser más discípulos, cuando digo discípulo, me refiero a ser discípulo de Cristo, no de alguna otra persona. Porque nosotros estamos llamados a hacer discípulos de Cristo, no discípulos nuestros, ya que el discípulo es alguien que aprende de su maestro para parecerse a él. Debemos ayudar a que la gente se parezca a Cristo, no a nosotros. Por eso, debemos ser discípulos de Cristo, no de algún líder o pastor.

La gran comisión de Mateo 28 no nos manda a hacer líderes, o siervos. Nos manda a hacer discípulos de Cristo. Nos manda a ayudar a que las personas se parezcan más a Cristo, para que reflejen en su forma de ser la forma de ser de Cristo. Y Cristo vino a servir, no a ser servido, y de ahí tenemos que aprender, para luego enseñar.

¿Cómo debe ser la actitud del creyente? Queda claro cuando el mismo Jesús exhorta a sus discípulos a ser servidores de todos, si querían ser reconocidos como los primeros. El lugar más destacado se consigue considerando a los demás como mayores a nosotros, admitiendo nuestra inferioridad de forma voluntaria y abnegada.

Alguna vez he escuchado decir “no pares hasta ser pastor”, como si esa fuera una meta a conseguir, y no un llamado al cual responder. La aspiración al “puesto” o “cargo” dentro de la iglesia es un problema que nos viene por dos frentes: por el sistema del mundo metido en la iglesia, que considera que el éxito es estar por encima de otros, y por trabajar con personas que no han sido sanas de maltratos en su autoestima y necesitan el reconocimiento de los demás para sentirse parte. 

Sobre lo primero, por supuesto, la enseñanza de Jesús es algo que choca de frente con la mirada del sistema en el que vivimos, en donde la presión por ser el mejor, el número uno, lleva a peleas, desacuerdos, envidias y a una lucha de vanidades que genera rispideces en las relaciones que no van para nada de acuerdo con el clima de armonía que se debe vivir en la Iglesia.

Sobre el segundo motivo, podemos decir que es muy importante trabajar sobre las necesidades insatisfechas de las personas dentro de la iglesia, para que el lugar que se busque ocupar no sea una excusa para sentirse alguien de valor, y termine en un lamentable caso de liderazgo autoritario o de caudillismo eclesiástico. El valor que tenemos tiene que venir de la entrega redentora que Cristo ya hizo por nosotros, y no por un cargo o lugar que podamos ocupar dentro de la iglesia, y el lugar que debemos ocupar debe ser en respuesta a la función a la que hemos sido llamados a realizar dentro del cuerpo, de acuerdo a nuestro don o ministerio. Por eso, antes de hacer, es importante ser. Si alguien necesita hacer para sentirse parte, es porque algo no anda bien en su relación con Cristo. 

Considerando estas cosas, creo que debemos dejar de formar líderes, para formar discípulos de Cristo. En vez de dar materias o estudios sobre liderazgo, debemos dar discipulados sobre servicio, que incluyan temas como abnegación, renuncia, entrega, sacrificio, dedicación, responsabilidad, humildad. Que gran desafío tenemos hacia adelante!

Bases bíblicas: Mateo 28:19-20 / Marcos 10:43-45.

* Intentando ser discípulo de Cristo. Misionero, pastor, Bachiller en Ministerio, es Argentino.  Exégeta en la traducción de la Biblia en LETRA. 
VISITAS: 927

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *